Dentro de la cancha de juego conviven jugadores, entrenadores y árbitros. Para que haya una sinergia con este último, ¿qué relación debemos tener con el árbitro, amigo o enemigo?

Siendo la autoridad dentro de la cancha, nos conviene tenerlo al lado de nuestro equipo, ¿no? ¿Y si es de esos que hacen la vista gorda ante faltas evidentes?

Bueno, en principio, el árbitro sostiene el juego limpio y hace cumplir las normas; ya que sabe las normas, ¿por qué nos vamos a la guerra contra él?

A continuación, hablaremos acerca del tipo de relación que podemos tomar con el árbitro, desde un punto de vista imparcial, y conoceremos un poco sus responsabilidades y puntos en común con la figura del entrenador.

¿Qué relación debemos tener con el árbitro? ¿amigo o enemigo? esto determinará que tanto se puede inclinar la balanza a tu favor, y no por que te ayuden, sino porque entenderlos y ayudarlos hará el juego más fácil para tú equipo
Pierluigi Collina, mejor arbitro del mundo del fútbol.

Conociendo las labores del árbitro

Árbitro, colegiado, referí, profe; recibe tantos nombres pero tenemos claro que es el responsable de vigilar las acciones de los jugadores y señalar faltas, a su vez que sanciona aquellas que no siguen el juego limpio.

Es precisamente el árbitro central el que se encarga de estas tareas generales, y siempre va acompañado por los árbitros de líneas y el VAR para traer más emoción y tensión al juego.

Para efectos de esta entrada hablaremos del árbitro central. Tanto aquellos que arbitran a nivel de fútbol base, como aquellos a nivel de competiciones europeas y copas del mundo, tienen labores bien definidas como:

  • Hacer respetar el reglamento a toda costa. El árbitro es el que manda en el terreno de juego por sobre aquellos jugadores que intentan hacer trampas o imponer su voluntad.
  • Tomar acciones preventivas. En momentos de alta tensión, es el árbitro quien sirve como mediador para evitar la agresividad y hacer valer el juego limpio, procurando siempre que haya igualdad de condiciones para ambos equipos.
  • Adoptar posturas formativas. Cualquier falta cometida y señalada por el árbitro tiene su justificación dentro del reglamento, y algunos árbitros sostienen que deberían explicar a los jugadores la razón del por qué se cantó la falta.

Conocer y hacer valer el reglamento, ser mediador y formador son en líneas generales las labores del árbitro. Fijémonos pues que hay puntos en común con parte de las labores del entrenador.

Sabiendo esto, ¿qué relación debemos tener con el árbitro, amigo o enemigo? Quizá es muy temprano para responder a esta cuestión. Pero sí es necesario saber qué hace el árbitro en el campo de juego y de qué manera se relaciona con los entrenadores y los jugadores.

La relación entrenador – árbitro y los valores deportivos en común

Ambas figuras, entrenador y árbitro, tienen en común el respeto de las reglas del juego, mantener la sana competitividad y la deportividad por encima del juego sucio y la vía fácil, y también cumplen labores formativas.

A pesar que el árbitro no requiere necesariamente ser formador, es un plus que otros árbitros, y también entrenadores y jugadores, valoran mucho. Esta acción de hacer entender las razones detrás de una cartulina amarilla y seguir el juego limpio está muy bien valorada por la comunidad del fútbol, y deportiva en general.

Entrenadores y árbitros sostienen sus propios valores deportivos, con sutiles diferencias. Por ejemplo, el árbitro velará por valores globales como el fair play, la no agresividad y la sana competitividad de la deportividad.

Saber qué relación debemos tener con el árbitro ayudará a mejorar el equipo, ya que los jugadores al entenderlo no se verán influenciados por sus decisiones
Los árbitros son piezas históricas del fútbol

Por otro lado, el árbitro está en constante contacto tanto con jugadores como entrenadores a lo largo de la temporada. Quizá hasta lleguen a tener relaciones personales y mantengan valores en común, pero esto no significa que habrá ventaja por encima de un equipo.

A modo de tener una visión amplia, el entrenador también debe conocer el reglamento para ir ante el árbitro y dialogar sobre alguna injusticia cometida hacia su equipo.

Y también para formar a los jugadores. Conocer el reglamento y transmitírselos a los jugadores, de a poco harán que se acostumbren a él y a señalar ellos mismos dónde se ha incurrido en una falta. Además, a tener argumentos válidos al hablar con el árbitro en caso de haber una falta injusta.  

Como vemos, la relación árbitro – entrenador es una que se sostiene para mejorar y formar a los jugadores en valores deportivos, hacer valer el juego limpio y respetar las normas, los rivales y la deportividad.

Más que castigos, se busca mantener el espíritu del juego limpio

Ser árbitro no es tarea sencilla. A menudo son víctimas de agresiones, especialmente verbales, son el blanco preferido de los espectadores, evitan conflictos dentro del terreno de juego; en fin, gestionar un partido de fútbol es una labor que unos pocos son capaces de hacer.

La tensión y adrenalina del momento del partido no permite ver que las decisiones del árbitro siempre están soportadas por el reglamento y es él quién es el encargado de mantener el orden durante la partida.

El colegiado no señala una falta así sin más, la decisión se toma con base en lo permitido dentro de la normativa, la severidad de la falta y el criterio del mismo árbitro. Actualmente, con la ayuda del VAR, esta tarea se lleva con más rigor y lujo de detalle.

Más allá de castigar acciones, se trata de rescatar el juego limpio y la sana competencia. ¿De qué vale un partido repleto de faltas y agresiones? Está bien para el espectáculo, pero va en detrimento de la deportividad.

A niveles formativos, el fútbol base, los jugadores se les forma en los valores deportivos y el respeto hacia el árbitro y las reglas del juego.

Esto con el fin de rescatar el espíritu del juego limpio, de rescatar la sana competencia. De que el fútbol se puede disfrutar bajo una rivalidad sana, sin incurrir en agresiones. Y que al final del partido tanto ganadores como perdedores se respeten y prometan dar lo mejor de sí en el próximo encuentro.

¿Tener el árbitro como amigo o como enemigo?

Y es aquí donde volvemos a la cuestión de inicio, ¿qué relación debemos tener con el árbitro, amigo o enemigo? Durante el desarrollo de la entrada quizá hayamos adelantado la respuesta, pero vamos a fijarnos en algunos puntos antes de dar con una respuesta concreta.

Recordemos que el árbitro es quién dirige el partido. En un principio, es imparcial y no tiene favoritismos con un equipo u otro.

Por supuesto que la historia nos ha enseñado que existen algunos árbitros inescrupulosos cuyas decisiones no fueron bien recibidas por la comunidad futbolística en general. Algunos incluso violando los principios del juego limpio y del reglamento de los partidos.

Más de uno tendrá recuerdos de las actuaciones del colegiado en el Mundial del 2002 o el escándalo de Stamford Bridge en 2009; no obstante, son casos aislados que tristemente manchan el arbitraje.

Seguramente nadie quisiera tener como amigo a ese tipo de árbitros, pero los buenos son más y actualmente contamos con nuevos árbitros responsables y justos en sus decisiones.

Claramente puede existir una relación de amistad con el árbitro, no hay ningún problema en ello. Pero esto no supone una ventaja para tu equipo. Una vez puesto el uniforme, esa persona que conoces pasa a ser el árbitro y tiene que hacer cumplir los colores de ese uniforme, los valores deportivos y el símbolo de autoridad imparcial en el partido.

Los jueces de banda, también llamados ‘Liniers’ son piezas importantes dentro del mundo arbitral.

Para el árbitro, le es indiferente si es amigo o enemigo de algún entrenador, pero sí que es importante para el entrenador el tener una posición con respecto al árbitro.

¿En qué sentido? Pues que condiciona tu mente al momento del partido. Vamos a suponer que Fulano Detal es el árbitro del partido del fin de semana y tienes riña con él, no te agrada su estilo de arbitrar.

Antes de entrar en la cancha, estarás predispuesto a rechazar cualquier decisión que el árbitro tome y seguramente protestarás hasta la mínima falta cometida. No solo estarás buscando ganarte una cartulina amarilla, sino que tus jugadores también se verán afectados por esta actitud.

Por otro lado; si conoces a Fulano Detal de otros partidos, y llevas una relación cercana con él, una parte de ti confía que las decisiones del árbitro serán las más justas y que el partido estará en buenas manos.

Lo ideal sería tener una posición neutra, indiferente con quién vaya a arbitrar el partido. A fin de cuentas, convencer al colegiado de cambiar su decisión en medio de la tensión del partido es una tarea muy complicada, para no decir que imposible de lograr.

Consideraciones finales sobre qué relación debemos tener con el árbitro…

A lo largo de la entrada hemos resaltado que las decisiones del colegiado están basadas en el juego limpio, los valores deportivos y la sana competitividad. Este modelo base luego es adaptado a los estilos de cada árbitro.

Como espectadores, hemos visto árbitros que cantan todo tipo de faltas y reparten cartulinas amarillas a borbotones, y otros que permiten que continúe el ritmo del partido y solo mostrar las cartulinas al incurrir en faltas muy severas o cometidas varias veces durante el partido.

Y, ahora, ya para responder a la cuestión de ¿qué relación debemos tener con el árbitro, amigo o enemigo? Y la respuesta es simple, hay que ser amigo del árbitro.

Pero en el sentido de respetar las decisiones que tome, es el que ordena el juego y hay que seguir las reglas del juego.

El árbitro es indiferente en el partido. Pero sí, luego del silbato final nunca está de más ir a cenar o tomarse un refresco con él. Escuchar sus puntos de vista, por qué señaló las faltas que señaló, y al final queda una enseñanza desde el punto de vista arbitral que luego puedes incorporar en tus entrenamientos de fútbol.

¡Un saludo y hasta la próxima!

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